Antonino Morales Toledo, el hombre clave para consolidar la 4T en Oaxaca

    Por Alfredo Cruz

    Hace 39 años, en la Villa de San Blas Atempa en la región de Istmo de Tehuantepec, nace un hombre zapoteca, y que hoy su nombre está haciendo eco en el estado de Oaxaca, su nombre es Antonino Morales Toledo.

    Antonino Morales Toledo, crece en el seno de un hogar de campesinos, por lo que a su corta edad conoció las bondades del campo y ser un hombre de arraigo lo hizo sensible a los problemas de su comunidad, motivo que lo inquietó y lo llevó a desarrollar su liderazgo para apoyar al desarrollo de su pueblo.

    Hoy, han transcurrido ya nueve décadas desde que un zapoteca originario de La Villa San Blas Atempa, logró el máximo honor de servir y conducir los destinos del estado de Oaxaca, me refiero a don Anastasio García Toledo, quien fue gobernador de 1932 a 1936.

    A este ilustre personaje le antecedieron otros más como el Licenciado Emilio García, el General Francisco Cortés, el maestro Atilano Morales, así como el historiador Arcadio G. Molina y el lingüista Gustavo Toledo Morales, entre otros, cuya labor fue en favor de la colectividad y ejemplos para las nuevas generaciones.

    Casi un siglo después nuevamente se escucha el nombre de otro paisano en la geografía oaxaqueña, el de Antonino Morales Toledo; lider, visionario, emprendedor y político zapoteca, quien actualmente se desenvuelve en un escenario histórico para la transformación y el desarrollo de la región de Istmo de Tehuantepec y el estado de Oaxaca.

    Al lado del actual gobernador electo del estado, el ingeniero Salomón Jara Cruz, tendrá la gran responsabilidad de tomar decisiones que logren por fin cimentar las bases y detonar la economía del Istmo de Tehuantepec; un sueño concebido desde tiempos de Hernán Cortés por la importancia geoestratégica y ventajas comparativas que esta región ofrece para el comercio internacional; para la economía global.

    Ante tal desafío, su gran aliado es nuestro Presidente de la República, el Lic. Andrés Manuel López Obrador, quien al igual que Salomón y Antonino, luchó por sus ideales y por llegar a la posición que le permitiera garantizar que las cosas buenas sucedan.

    El camino fue sinuoso. La lucha por los intereses de unos cuantos ha significado el sacrificio del orgullo y el triunfo de la inteligencia, pero sobre todo el humanismo, esa filosofía de vida democrática y ética, donde se respeta al ser humano y su derecho de dar sentido y forma a sus propias vidas.

    Antonino, llegó en el momento justo de su vida, en su plenitud personal reflejada en la otredad. En la revalorización de la dignidad humana, principio que está por encima de cualquier otro valor y cualquier interés, sea económico, cultural o religioso.

    Un hombre humilde que, hasta hace poco menos de una década, podría ser descrito como lo hizo el gran líder sudafricano Nelson Mandela: “un hombre ordinario al que las circunstancias extraordinarias lo convirtieron en un líder”, cuyo esfuerzo por recuperar los valores, específicamente humanos e incorporarlos a las políticas públicas, y eso inspira a celebrar el regreso del humanismo a la política.

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